Castillo de Peleș en Rumanía

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Escrito por  16.Viajes    ·   12 Feb 2020  


El castillo de Peleș es una de los castillos más bonitos en los que haya estado, de hecho quizás el más impresionante por la cantidad de modernidades y excentricidades que posee. Es el segundo castillo-museo más visitado de Rumanía, siendo el primero el castillo de Bran, más conocido como el castillo de Drácula. Haciendo la comparación entre ambos (aunque las comparaciones son odiosas…), el castillo de Bran parece una simple casa de campo con torreones. El castillo de Peleș, sin crear tanta expectativa, nos dejó, sin duda, un muy buen sabor de boca.


Contenido

  1. Historia del castillo de Peleș
  2. Arquitectura del castillo de Peleș
  3. Los jardines y alrededores del castillo de Peleș
  4. Castillo de Pelișor
  5. Cómo llegar al castillo de Peleș desde Bucarest
  6. Precios de las entradas al castillo de Peleș


Historia del castillo de Peleș

Este hermoso castillo fue mandado erigir por Carlos I de Rumanía, de la familia Hohenzollern-Sigmaringen . Se construyó entre 1873 y 1914, ya que fue inaugurado en 1883 pero se siguió construyendo hasta tener la imagen que tiene hoy en día. Fue usado activamente por Carlos I y su esposa Isabel de Wied, tiempo en el que invitaron a numerosos artistas y personajes influyentes de la época, siendo uno de los más poderosos el emperador austrohúngaro Francisco José I de Austria , de la misma casa que nuestro amigo Julius Cesar d’Austria. Allí se lo pasaron en grande organizando fiestas y teatros hasta la muerte de Carlos I en 1914, justo cuando comenzaba la Primera Guerra Mundial. Se dice que el rey rumano no quería entrar en la guerra pero que andaba presionado por su gente más cercana y al final le dejó la decisión a su sucesor. 




El castillo fue escenario del nacimiento del primer rey rumano nacido en Rumanía: Carlos II, hijo de Fernando I, sobrino del anterior rey Carlos I. Continuó siendo residencia real hasta que los comunistas obligaron a su desprivatización en 1947, convirtiendo el castillo en un museo en 1953. No obstante, no llegó a abrir sus puertas al público hasta el año… ¡1990!



Arquitectura del castillo de Peleș

Ya que el rey Carlos I pertenecía a una larga dinastía alemana, la arquitectura exterior y la mayoría de sus interiores tienen características del estilo neo-renacentista alemán, con detalles que me recordaron un poco a la ópera de Dresde o el ayuntamiento de Hamburgo. 


A mí me dió la impresión de que el rey Carlos I tenía que ser un buen aficionado a los viajes, dado que el castillo dispone de numerosas salas ambientadas en diferentes lugares que te transportan a otros países con tan sólo entrar en ellas. 


La sala principal, que dispone de un techo de cristal que se abre, es realmente impresionante. Tiene una escalera de caracol de madera similar a la que se puede encontrar en el ayuntamiento de Bremen, afianzando los estilos germánicos en el castillo. Además del techo que se abre, disponía de un sistema de calefacción central y un sistema de aspirador central, algo que en mi vida habría imaginado que pudiera existir… ¡Quizás era un truco del Carlitos para sacarles las monedas a los invitados y así financiarse sus viajes, ya que en esa época no había instagram! 




Avanzando por el castillo, llegamos a una enorme sala de música donde la reina daba rienda suelta a su arte musical. Era una persona muy cultivada en las artes, ya que tocaba varios instrumentos musicales, pintaba, cosía y le encantaba el teatro. Prueba de ello es un pequeño teatro que tienen también dentro del castillo y que se conserva en perfecto estado. 




Otra sala interesante era la de la biblioteca, que además de estar llena de libros, tenía una puerta secreta como las de las películas. Aparentemente, esta puerta era simplemente usada como atajo para no tener que dar toda la vuelta, ya que daba la impresión de que aquello era más lioso que el Ikea. 




La combinación de estilos se hace más patente al llegar a las salas de fiesta y fumeteo, donde había incluso una cachimba(¿de época?) con la que los reyes seguro que se relajarían de lo lindo. Estas salas tenían un aire más morisco, por no decir que te trasladaban directamente a la Mezquita de Córdoba o la Alhambra de Granada. 




El comedor, como no podía ser de otra manera, parecía sacado de Hogwarts, con una mesa de unos cuatro o cinco metros, toda rodeada de sillas. Como el resto del castillo, estaba todo preparado para muchas personas. Al final, con tanta ostentación seguramente se tendrían que sentir un poco solos cuando estuviera el castillo vacío…





Los jardines y alrededores del castillo de Peleș

Toda la zona que rodea al castillo es espectacular, lleno de naturaleza y verde por todas partes. Había muchos carteles de “cuidado con los osos”, ¡pero no llegamos a ver ninguno! Alrededor del castillo se pueden ver muchas estatuas en las que se nota el paso del tiempo, siendo una de las más curiosas la del perro que parece buscar a su amo o la de la reina Isabel de Wied haciendo una de las cosas que más le gustaba: coser.







Castillo de Pelișor

Anexo al castillo y antes de llegar, está el castillo de Pelișor. Éste fue ordenado construir por el sucesor del rey Carlos I, Fernando I, como residencia de verano, no fuera a ser que el otro se les quedara pequeño… Allí hay una cafetería en la que se pueden encontrar pasteles y tomar un café antes de entrar al castillo de Peleș. No obstante, es bastante caro y la calidad no es que sea para tirar cohetes. Nos gastamos unos 30 lei en un café y un cuerno de nata.



Cómo llegar al castillo de Peleș desde Bucarest

Nosotros fuimos en coche y se tardan unas dos horas en llegar y hacer los 140 km que hay. Las carreteras no son muy malas pero tampoco son la Autobahn alemana… Como dato curioso, en el camino hay un pueblo con una central nuclear (no, no es Springfield) en el que huele un poco raro… Había casitas alrededor, pero no nos pudimos explicar cómo podía vivir la gente allí.



Precios de las entradas al castillo de Peleș

Los precios son bastante asequibles. Nosotros elegimos la visita básica, así que nos costó 35 lei y consistió en un tour en inglés en el que nos iban explicando cada una de las salas. Al final nos dejaron un rato a nuestro aire para que pudiéramos investigar el castillo más tranquilamente. Se supone que teníamos que pagar 30 lei para hacer fotos, pero nos pareció un abuso… Aun así nos las arreglamos para “robar” algunas tomas.


Si queréis verlo desde otra perspectiva, no dudéis en visitar nuestro video dedicado a los castillos de Peleș y Bran:



En resumen, el castillo nos pareció increíble sin esperarlo, ya que el highlight del día era nuestra visita al castillo de Bran. Muy recomendado para cualquier amante de los castillos, ya que está todo cuidado al mínimo detalle para mostrar cómo vivían los más afortunados de la época.



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