VISITANDO EL JARDÍN BOTÁNICO DE KEW EN INVIERNO

Escrito por  16.Viajes    |   5 May 2019   |    1 comentario


El “Real Jardín Botánico de Kew”, conocido coloquialmente como los “Jardines de Kew” (Kew Gardens), es un extenso jardín botánico situado al sudeste de Londres. En él se encuentra la mayor colección de plantas y hongos de todo el mundo. Su historia se remonta hasta finales del siglo XIII, en el cual el rey Edward I colocó su residencia real en el barrio de Richmond. Varios siglos más tarde, en el siglo XVI, el monarca Henry VII, primero de la dinastía de los Tudor, construyó un palacio en el mismo lugar, el cual llamó Richmond Palace. En esa época, la tierra que hoy son los jardines, empezó ya a conocerse como Kew Field. Henry Capell, barón de Tewkesbury, fue el primero en fundar un exótico jardín botánico en ese lugar, con una extensión aproximada de 130 hectáreas. La princesa de Gales de por aquel entonces, Augusta de Sajonia-Gotha de la casa de Hanóver, se encargó de agrandar el jardín, forjando así los cimientos de lo que conocemos hoy en día como los Kew Gardens. No obstante, no es hasta el año 1840 que son adoptados como jardín botánico nacional.


Los jardines no estuvieron exentos de desgracias: en el año 1913, dos de las llamadas suffragettes (así se llamaban a las mujeres que luchaban por los derechos de la mujer en aquella época) prendieron fuego a una de las estructuras del mismo (the Tea House o casa del té) en una serie de ataques pirómanos que hubo en Londres y en el año 1987, un ciclón conocido como the Great Storm, arrancó cientos de árboles del parque.

Además de los jardines, las numerosas plantas y edificios de recreo, los Kew Gardens cuentan con un extenso almacén de semillas. En 2007 se registró la semilla número mil millones del mismo.


Nosotros fuimos en invierno, aprovechando la visita de unos amigos a Londres. La entrada cuesta alrededor de £15 para el día entero y se puede comprar online. Nada más llegar, nos topamos con un letrero en el que ponía que el Treetop walkway estaba cerrado por mantenimiento. Consiste en una estructura de metal que está a 18 metros del suelo, por lo que puedes pasear por las copas de los árboles. Nos decepcionó un poco, porque era una de las cosas que teníamos en la lista de ver, pero lo tuvimos que aceptar.


El mapa te lo dan allí, pero también te lo puedes descargar de aquí.


El día estaba bastante gris, con los característicos nubarrones del clima británico, pero nos llovió muy poco. Al entrar en el parque, nos saludaron una bandada de gansos del Nilo que parecían posar a propósito para nuestras fotos.




Princess of Wales Conservatory

Dimos un paseo y nos pusimos en la cola (¡cómo odiamos las colas!) para ver el mayor invernadero del parque, tal y como nos aconsejó el chico que nos picó la entrada. Fue inaugurado por la princesa Diana de Gales en 1987 en conmemoración de la princesa Augusta. El sitio era una pasada y estaba muy bien ambientado. Allí pudimos ver numerosos tipos de orquídeas, cactus de todos los tamaños y colores, una colección muy interesante de plantas carnívoras e incluso pequeños anfibios como tortugas y tritones.



 

Palm House

Desde fuera, mientras esperábamos la cola para entrar en el otro invernadero, ya podíamos ver la estructura metalizada y redondeada del Palm House o casa de las palmeras. Al entrar te das de bruces con el calor y humedad del lugar. Allí encontramos todo tipo de palmeras y plantas tropicales, incluyendo la planta interior más longeva del mundo y una planta cuyas flores olían a queso para atraer a sus polinizadores. Se puede subir por una escalera de caracol para poder ver las plantas desde arriba.







Temperate House

Esta enorme estructura de cristal es la más grande del mundo del género victoriano. Ha sido remodelada hace relativamente poco, en el 2008, con lo que tuvimos la suerte de poder verla como nueva.


Al lado hay un pequeño bar-restaurante, the Food Village, donde sirven sandwiches, helados y cafés de 11 a 4 de la tarde. También hay un pequeño invernadero donde hacen juegos para niños y cuentan historias que tratan de concienciar a los más jóvenes sobre el medio ambiente y los cuidados que requiere. Como había poca gente, uno de los monitores se acercó a nosotros y nos ofreció contarnos una historia mientras esperaban a otro grupo de chavales, así que nos sentamos allí alrededor de él y volvimos unos cuantos años atrás en el tiempo. ¡Fue tan entretenido que acabó contándonos hasta tres historias diferentes!




Great Pagoda

En la parte sur del parque, cerca de la Lion Gate, se puede observar la Gran Pagoda. Esta estructura fue erigida en el año 1762 e imitaba a las pagodas chinas. Se decía que contaba con estatuas de dragones hechas de oro en el techo de la misma, pero que el rey George IV las vendió para saldar sus deudas. La realidad es que los dragones estaban hechos de madera y pintados en dorado, los cuales, al estar expuestos a las inclemencias del clima, se habrían podrido con el tiempo.




Sackler Crossing

Consiste en una pasarela hecha de granito y bronce que cruza el lago de la parte norte del parque. Es relativamente moderno, fue fundado en el 2006, y recibe el nombre de los filántropos Dr Mortimer y Theresa Sackler, que fueron los que pusieron el dinero para su construcción.




Colección de plantas

Dando una vuelta por el parque se va pasando de una colección a otra. A nosotros nos interesaba mucho ver los árboles de la familia de las secuoyas, para compararlas con las que vimos en California, así que pasamos por el Redwood Grove y dimos un paseo por allí. Los árboles no eran tan enormes como los que vimos en el Sequoia Park, pero seguían siendo impresionantes. Además, había muchas más variedades. Cada árbol tiene su pequeño letrero en el que viene su nombre y la familia a la que pertenece. Tampoco nos perdimos los ginkgo biloba, árboles del periodo Jurásico, que se pueden ver por la Ginkgo Lane. Había también una zona únicamente dedicada a Magnolias, que en ese momento estaban en flor y eran un espectáculo.


La conclusión es que, para cualquier amante de las plantas, los Kew Gardens son, desde luego, una visita obligada si se pasa por Londres. Eso sí, mejor reserva un día entero para ello porque el parque es enorme y tiene muchísimas cosas para ver.